Luna Nueva
La piedra recuerda un nombre que nunca fue pronunciado. Donde la sombra parece vacía, un hilo de ceniza dibuja mapas que solo existen mientras nadie los contempla. El reloj duerme bajo el agua y cada latido abre una puerta sin umbral. Quien encuentre la llave descubrirá que jamás hubo cerradura, solo el eco de una promesa escrita antes del primer amanecer.
El jardín invisible florece con raíces suspendidas en el aire. Ningún viento atraviesa sus senderos, aunque las hojas cambian de lugar al cerrar los ojos. Hay un lenguaje oculto entre los pliegues del silencio, y cada palabra olvidada alimenta una constelación que todavía espera ser imaginada.
Las grietas del cristal no anuncian ruptura, sino caminos. Cada fragmento refleja un horizonte distinto donde las montañas avanzan lentamente hacia el cielo. Una brújula sin norte continúa señalando el lugar exacto donde los recuerdos deciden cambiar de forma.
Bajo la corteza del tiempo germinan semillas hechas de humo. Sus ramas no buscan la luz, sino el rumor de las voces que nunca llegaron a existir. Todo crecimiento es un acertijo que se resuelve únicamente cuando deja de formular preguntas.
El puente permanece suspendido entre dos instantes que jamás llegan a tocarse. Sobre sus piedras descansan huellas de viajeros que caminaron hacia atrás para descubrir el origen del horizonte. Ningún paso se pierde; simplemente cambia de dirección cuando deja de ser observado.